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Con la discriminación en los tacones

Publicado el 08/02/2016 por Gonzalo Alvarez de Neyra

Recientemente, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia («TSJ») de Madrid ha reabierto el viejo debate sobre los límites de la potestad empresarial para la imposición de una vestimenta.

La trabajadora, que ejercía de guía turístico, se negaba a portar el uniforme impuesto por la empresa, porque consideraba que era discriminatorio al obligar a las mujeres a usar tacones altos, mientras que los hombres podían llevar zapato plano. Esta resistencia de la trabajadora a llevar el uniforme le supuso una sanción por desobediencia (en concreto suspensión de 6 meses de empleo y sueldo), la cual impugnó.

Tras perder en primera instancia, el TSJ le da la razón a la trabajadora, por dos motivos principales: (i) la tolerancia empresarial a no llevar el uniforme (se llevaba negando más de 3 años cuando se le impuso la sanción); y (ii) por considerar que la imposición de los tacones es discriminatoria por razón de sexo. Nos centraremos en este segundo motivo.

La vestimenta laboral carece de una regulación expresa, lo que provoca que se enjuicie prácticamente siempre desde un prisma constitucional (derechos a la igualdad, dignidad, integridad física y moral, intimidad, propia imagen o libertad religiosa –según el caso-; en contraposición al derecho a la libertad de empresa). Esta colisión de derechos se resuelve por el clásico juicio de proporcionalidad, que supone que el tribunal debe responder a tres preguntas: (i) ¿puede la medida lograr el objetivo propuesto? –juicio de idoneidad-; (ii) ¿no existe ninguna otra medida más moderada capaz de lograr el objetivo? –juicio de necesidad-; y (iii) ¿reporta más beneficios para el interés general que perjuicios sobre los valores en conflicto? –juicio de proporcionalidad en sentido estricto-.

Realizando este juicio de proporcionalidad el TSJ concluye que en este caso la imposición del uso de tacones altos a las mujeres no está justificada, porque: (i) no hay ninguna razón objetiva que la justifique más allá que -entiende el tribunal- proyectar una imagen de diferencia entre hombres y mujeres; (ii) no es necesaria, puesto que su finalidad (que los turistas identifiquen a los guías) puede perfectamente lograrse dando a las trabajadoras la opción de escoger el tipo de calzado -tacón o planos-; y (iii) no se cumple por consiguiente con el requisito de proporcionalidad en sentido estricto, pues además de no aportar beneficios para el interés general, sí genera perjuicios como expresaré posteriormente.

Igualmente, la Sentencia tiene en cuenta el concepto de discriminación indirecta por razón de sexo, tal como la define la Ley de Igualdad o la Directiva 2006/54/CE. Desde esta perspectiva, puede igualmente concluirse que en este caso la imposición de llevar tacones altos supuso discriminación indirecta por razón de sexo porque, si bien aparentemente es una práctica neutra, el uso de los tacones perjudicaba a las mujeres guía, ya que podía repercutir negativamente en su salud (incomodidad, cansancio, lesiones), en su rendimiento, e incluso en la atención al público. Por tanto, la decisión empresarial favorecía indirectamente a los hombres respecto a las mujeres.

Concluye en consecuencia el TSJ que la empresa debía haber dado la opción a las trabajadoras de llevar (o no) tacones según su preferencia, y no imponerlos.

En definitiva, dos lecturas: la primera es que cuando se quieran imponer unas normas de vestimenta, deberá tenerse mucho cuidado con los derechos en colisión; y la segunda y para mí más importante ¿puedo este verano aparcar el traje y la corbata por considerar que me perjudica frente a mis compañeras abogadas?

Sobre esto último, lamentablemente mi opinión es que me tengo que fastidiar porque el empleo de traje está muy arraigado en los usos de mi profesión, tiene una finalidad legítima, no existe una medida menos lesiva y es proporcional (además ya existen fracasos –con otro enfoque- como este viajante, o este  Director de RRHH –FJ 5º-). Así pues, creo que por ahora seguiré peleándome por el aire acondicionado.

Gonzalo Álvarez de Neyra Enrich,

Abogado y economista

Bonus track: Si os interesa, el tema de la imposición de uniforme se ha enfocado desde la perspectiva de género en esta Sentencia sobre azafatas de AVE y ésta sobre auxiliares de enfermería; pero también desde la perspectiva de la libertad religiosa en los casos Ewieda y Chaplin resueltos por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos; finalmente respecto de la propia imagen son curiosas esta Sentencia sobre el uso de la barba, ésta sobre el pantalón corto o ésta más reciente sobre la negativa a usar maquillaje.

Este artículo se publicó en Condiciones de trabajo Sentencias de actualidad Derechos de los trabajadores con los tags límites al poder de Dirección Ley de Igualdad Discriminación indirecta .

Gonzalo Alvarez de Neyra

Gonzalo Alvarez de Neyra galvarezdeneyra@mmmm.es

Monereo Meyer Marinel·lo

Fundado en 1989, con oficinas en Barcelona, Madrid y Palma de Mallorca y más de 50 abogados, despacho de abogados español de carácter multidisciplinar, intercultural y con un exclusivo enfoque internacional, especializado en asesoramiento a empresas extranjeras con actividades en España, especialmente aquellas procedentes de países germano hablantes, así como a empresas españolas operando en Alemania, Austria y Suiza.

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